martes, 8 de marzo de 2011

LEONOR LÓPEZ DE CÓRDOBA

Contrariamente a lo que dice la Crónica de Juan II, Leonor López de Córdoba, no nació en Córdoba sino en Calatayud y, precisamente, en casa del rey Pedro I de Castilla, como afirma ella misma en su obra. Entroncada, pues, con la realeza, fueron sus madrinas las hijas de éste. En la corte real vivió su madre y en la corte real vivió ella misma. Su nacimiento se fecha en el año 1362 o comienzos de 1363. Era hija del Maestre de Calatrava y Alcántara, Martín López de Córdoba. Descendía éste de la casa de Aguilar y era sobrino de don Juan Manuel. La madre de Leonor, Sancha Carrillo, era sobrina de Alfonso XI de Castilla, padre de Pedro I.
A pesar de este emparentamiento de la familia Carrillo con la casa real, a consecuencia de los abusos perpetrados por el monarca, ésta se pasó al bando de los Trastámara. A los siete años –edad prevista para el noviazgo en las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio– su padre la promete en matrimonio. A los doce se daría por hecho el matrimonio con el prometido: Ruy Gutiérrez de Hinestrosa. Es hijo del camarero y canciller del monarca y mayordomo mayor de la reina, y de María de Haro, señora de Haro y de los Cameros. Circunstancias todas ellas que determinarán los acontecimientos que van a sucederse en su vida. Con su prometido va a vivir al Alcázar de Carmona donde se ha hecho fuerte su padre con los partidarios del asesinado rey Don Pedro I. Esta circunstancia determinará el futuro de Leonor de manera dramática.
Como decíamos, Pedro I es asesinado en Montiel (1369) y subirá al trono de Castilla Enrique de Trastámara. A raíz de este luctuoso hecho, como relatan tanto las Crónicas como las Memorias, su padre, el Maestre, con los partidarios del rey asesinado, se harán fuertes precisamente en Carmona, quizás entendiendo que aún no estaba todo perdido o por salvar el tesoro real y a los descendientes de Pedro I. Enrique II, tras meses de asedio pactará con ellos la rendición para después incumplir los acuerdos y decapitar al padre de Leonor. Ésta, junto con su prometido, sus hermanos y sus cuñados, será encarcelada en las Atarazanas sevillanas por orden del rey.
La infancia de Leonor López de Córdoba está marcada por la tragedia. Su padrees condenado y muere decapitado en la Plaza de San Francisco, de Sevilla. Su adolescencia y su juventud no van a ser menos dramáticas: el rey confisca sus bienes y los de su esposo. Ella tiene a la sazón poco más de ocho años. Encerrada en las Atarazanas sevillanas, pasará encarcelada ocho años, junto con los demás miembros de su familia, sobreviviendo sólo ella y su esposo a las enfermedades y a las penalidades del encierro. Son tiempos oscuros para el reino, que vive una tras otra las epidemias de peste más terribles de su historia. Libre ya, tras la muerte de Enrique III en 1379, pero despojada de todos sus bienes, a este período no ciertamente fácil, le sigue un período de calamidades que Leonor soporta con fortaleza, y cuya narración va a ser uno de los capítulos centrales de su autobiografía.
Tras la liberación, su marido reclama derechos y posesiones sin éxito, según relata ella misma. Pero parece que nadie está dispuesto a devolverle nada. Su marido vuelve entonces con Leonor, después de siete años fuera, a Córdoba, donde ella vive en casa de su tía
Comienza así un itinerario vital, magistralmente narrado por ella misma, y una paulatina consolidación del maltrecho patrimonio familiar. De todo ello se va a ocupar en su relato. Acabará este período – que en las Memorias se cierra con la muerte de su hijo Juan Fernández de Henestrosa, a causa de la pestilencia reinante–, volviéndose a sus casas de Córdoba. Allí escribe sus Memorias y tras conseguir diferentes favores reales, obtiene la amistad y cercanía de la reina y posteriormente ir a vivir a la Corte, convirtiéndose en valida de Catalina de Lancaster, una de las nietas de Pedro I, hija de una de las Infantas –Constanza- con las que se había criado. Arranca aquí una etapa de vida en la corte en la que va a ejercer su influencia y va a conocer todos los entresijos de las intrigas palaciegas y de la política castellana del momento, terminando por ser víctima de ésta. En 1412, cuando Leonor tenía ya cincuenta años, cambia su suerte, pues la reina acaba por alejarla de su lado.
En la corte, junto a la reina Catalina de Lancaster, Leonor va a desempeñar un cometido de suma importancia. Su poder se convierte en blanco de los ataques del propio corregente don Fernando de Antequera. La situación se hace muy tensa, llena de intrigas. Los tiempos no estaban como para consentir tamaña influencia femenina en la política de Castilla y el momento histórico (no podemos olvidar que estamos a comienzos del siglo XV) no va a permitir un mayor desarrollo de su influencia y de su actividad junto a la reina Catalina de Lancaster en su calidad de consejera y amiga. En consecuencia, la historia acabará con que el trabajo del Infante por desproveer de su círculo más cercano a la reina, va a afianzarse y a triunfar. Y una de las consecuencias de esta acción política será que aquel amor declarado de la reina Catalina hacia Leonor, terminará rompiéndose. Pasa de un profundo y ostensible amor a una visceral animadversión.
Los acontecimientos políticos del momento en torno a Catalina y en torno a Leonor, así como las actuaciones de algunos nobles y del propio Don Fernando, crean una serie de situaciones que van a ir produciendo que la reina despache de la corte a Leonor López de Córdoba con la seria amenaza de que si volvía “la mandaría quemar”.
Así es como en aquel período tempestuoso de la historia de Castilla, Leonor López, vejada y desposeída de su influencia y de la amistad de Catalina, vuelve a Córdoba. El favor de la reina se ha alejado para siempre. En Córdoba vivirá el resto de su vida y allí morirá 1420 y será enterrada, en la capilla que ella misma hace construir en 1409 para enterramiento de su padre, en la Iglesia de San Pablo, entonces convento de Predicadores. Allí se encuentran aún sus restos.

Obras

Obras

La única obra de Leonor López de Córdoba, sus Memorias, cuya copia dieciochesca se encuentra conservada en La Biblioteca Capitular y Colombina, de Sevilla, ha tenido las siguientes ediciones en España:
· AYERBE-CHAUX, Reinaldo, ed. Las “Memorias” de doña Leonor López de Córdoba, Journal of Hispanic Philology, II (1977-78).
· CASTRO, Adolfo de, Leonor López de Córdoba, “Memorias”, en “La España Moderna” nº 163 y 164 (1902).
· MARQUÉS DE LA FUENSANTA DEL VALLE, Colección de documentos inéditos para la historia de España, LXXXI, Madrid 1983.
· MONTOTO, José María, “Reflexiones sobre un documento antiguo”, Ateneo de Sevilla, 15 de julio de 1875.
· RAMÍREZ ARELLANO, R. Colección de documentos inéditos para la historia de Córdoba, I, Córdoba 1885.

Traducciones

Dos de las traducciones modernas más importantes son:
· KAMINSKY, K. y DOROUGH JOHNSON, To Restore Honor and Fortune: “The Autobiography of Leonor López de Córdoba”, en AA. VV.., The Fermale Autograph, de D. C. Stanton y J. Parisier Plottel (ed.), Nueva York 1984.
· VOZZO MENDIA, Lia, Memorie, Pratiche Editrice, Parma 1992

Bibliografía Crítica

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Texto Representativo

«[…]Rogando á Dios me quisiese librar á mi, y á mis fijos; é si alguno obiese de llevar, llebase, el mayor por que era mui doliente; é plugó á Dios que una noche no fallaba quien velase aquel Mozo Doliente, por que havian muerto todos los que hasta entonzes le havian velado, é vino á mi aquel mi fijo, que le dezian Juan Fernández de Henestrosa, como su Abuelo, que era de hedad de doze años, y quatro meses y dixome: Señora no ay quienvele á Alonso estanoche? É dijele: Velarlo vos por Amor de Dios; y respondiome: Señora agora que hán muerto Otros quereis que me mate? É yo dísele: por la Caridad que yo fago, Dios habrá piedad de mi; é mi hijo por no salir de mi mandamiento lo fue á velar; é por mis pecados aquella noche le dio la pestilencia e otro dia le enterré, y el emfermo vivió después haviendo muerto todos los dichos; e Doña Theresa [f. 202v], muger de Don Alfonso Fernández mi Primo hubo mui gran enojo, por que moria mi fijo por tal Ocacion en su Casa, y la muerte en la Voca lo mandaba sacar de ella, y yo estaba tan traspasada de pesar, que no podia hablar del corrimiento que aquellos Señores me hacian; y el triste de mi hijo dezia: decid á mi Señora Doña Theresa que no he haga echar que agora saldrá mi anima para el Cielo, y aquella noche falleció, y se enterró en Santa María la Coronada, y no savia por que, ymandó que no lo soterrasen dentro dela Villa, y asi quando lo llevaban é enterrar fui Yo con El, y quando iba por la Calle con mi hijo, las Jentes salian dando alaridos, amancillados de mi, y decian: Salid Señores, y vereis la mas desventurada desamparada, é mas Maldita muger del mundo, con los gritos que los Cielos traspasaban, é como los de aquel Lugar todos eran Crianza, y echura del Señor mi Padre, y aunque sabian que les pesaba á sus Señores hicieron grande llanto con migo como si fuera su Señora. Esta noche, como vive de soterrar á mi fijo, luego me dixeron que me viniese á Cordoba, é yo llegue á mi Señora tia por ver si me lo mandaba Ella; Ella me dijo: Sobrina Señora no puedo dexar de hazerlo, que á mi Nuera y á mis fijas é prometido por que son echas en Vno, y en tanto me hán afligido que os parta de mi, [f. 203r] que selo ove otorgado, é esto no se que enojo haceis á mi Nuera Doña Theresa que tan mala intención os tiene, y yo le dixe con muchas lagrimas: Señora, Dios no me salve su mereci por que, y asi Vineme á mis Casas á Cordoba». (Memorias, de Leonor López de Córdoba